La ecoespera.

Después de la beta positiva, el siguiente paso es la ecografía, en mi caso tres semanas más tarde. Dicen por ahí que esta espera es incluso peor que la de la betaespera.

Más que peor, yo diría distinta, y sobre todo, eterna. En la betaespera, tuve una mezcla de ilusión (¿y si…?), miedo y desesperanza por no conseguirlo nunca, más bien de miedo al futuro. Es decir, más que el miedo al negativo en sí, que no lo veía para tanto porque estadísticamente sabemos que no siempre se consigue a la primera, ni a la segunda, era el miedo a no conseguirlo nunca. Que por lo que fuera no tuviera capacidad de implantar embriones o de quedarme embarazada. Era un terror más existencial.

En cambio ahora es distinto. Yo diría que esta espera es mucho más dulce. Y más larga, también. Pero ya se ha quitado el miedo a no conseguirlo nunca, porque si esta vez fuera algo mal (que esa es otra), por lo menos sé que tengo la capacidad de conseguir que los embriones se queden conmigo. También empiezas a hacer muchos más planes futuros imaginándote con bebés que durante la betaespera. Se ve como mucho más cercano, más real.

La parte negativa es el miedo terrible a que algo salga mal. Te has hecho tantas ilusiones que el golpe sería muy duro. Intentas ser positiva pero a rato te vienen pensamientos negativos. Empiezas a darle vueltas a todas las cosas que pueden salir mal y en todos los casos que has leído por Internet que no terminaron bien. Incluso te imaginas ese momento fatídico en la consulta del ginecólogo donde te dicen: no hay latido. Y te hundes.

Pero al rato piensas que no, que todo va a ir bien, que de hecho lo normal y estadísticamente más probable es que todo vaya bien. Piensas en todas las embarazadas que conoces y en lo bien que ha ido todo y desechas los pensamientos tóxicos.

Así que más o menos es eso: una montaña rusa de emociones en la que a ratos lo ves todo negro (por cierto, no tengo síntomas de nada, otra cosa que me hace comerme la cabeza) y en otros momentos estás totalmente eufórica. Eso aderezado con la duda que me corroe de si será uno o serán dos (beta de 1221, recordemos).

En fin, hasta aquí mi resumen de la ecoespera. Sólo ha pasado una semana desde la beta, me quedan dos más. Y vuestra ecoespera, ¿cómo fue? ¡Contame vuesta experiencia!

El resultado de mi beta es…

A 14 días post-transfer (15 si contamos el mismo día de la transferencia, nunca me ha quedado claro) el resultado de la beta es ¡1221!

Estoy aún nerviosa. ¿No es demasiado alto? O no pasa nada por que sea tan alto mientras no sea bajo? Ay Dios, nunca me hubiera imaginado que me iba a preocupar por tener una beta “demasiado” alta! Histérica que es una.

Es que he mirado tablas de esas pero en todas estoy muy por encima incluso de los valores “altos” para 14 días, por supuesto en la de embarazos múltiples… ¿Alguien me ayuda? No es que me preocupe tener mellizos, al revés (me encantaría), ¡sino que ese valor tan alto me ha descolocado del todo!

Mira que hasta en las buenas noticias tengo que sacar mi parte hipocondríaca…

Por cierto, me transfirieron dos embriones, uno A y otro C.

En fin, perdón por mi visión negativa con una buena noticia, pero las que estáis en este camino me entenderéis… Cuesta tanto llegar hasta aquí que siempre tenemos miedos y traumas. Pero bueno, vamos a ser positivos y ¡vamos a celebrarlo! ¡Hoy puede ser el comienzo de algo muy muy grande!

La transferencia.

Día 13 de betaespera. Mañana ya me dan el resultado. Hoy no me he hecho test, pero para distraerme voy a contar cómo fue mi segunda transferencia. La primera fue bastante parecida, con la diferencia de que me hicieron esperar una hora y media, casi me explota la vejiga, me acompañó padreyo, iba un poco más nerviosa y me atendió una doctora distinta.

Bueno, a lo que iba. La tenía programada a las 12. Por la mañana fui a la universidad, que está justo al lado, y al terminar la clase de las 11 fui directa a la Fundación Jiménez Díaz. Cogí el coche, y justo cuando estaba llegando a la clínica sonó en la radio la canción de Resurrección de Amaral:

haces que se vaya mi melancolía

me devuelves de nuevo a la vida (¡¡RESURRECIÓN!!)

antes de llegar siquiera a conocerte,

mucho antes ya te quería como a lo inalcanzable,

así, así, así te quería.

Me pareció muy apropiada por eso de mis embriones congelados que volvían a la vida (¡¡resurrección!!) y eso de que los quiero antes de conocerles. Después sonó la de Don`t worry be happy. Buen rollito, vamos. Llegué muy animada, esta vez no bebí tanta agua, sólo lo justo, no vaya a ser que se retrasara igual que la otra vez. Pero no, si llegué a las 11:55 (una que le gusta apurar), a las 12:05 me llamaron para que entrara.

Ah, esta vez iba sola, porque padreyo trabajaba y no veíamos necesario que me acompañara. Me cambié, pasé al quirófano, y esta vez me atendió un médico muy grandote con unas manos gigantes pero que a la vez era pura delicadeza y dulzura. El médico bromeó con que si mi marido no había venido porque ya se sabía la película (le dije que era la segunda). Yo veía en la pantalla todo lo que iban haciendo, aunque no entendía nada, claro. Me dijeron: mira, este punto son tus embriones. Y yo: vale. Todo fue rapidísimo y totalmente indoloro. En cinco minutos estaba fuera. Fue como una ecografía vaginal más, prácticamente. Al terminar le pregunté la calidad de los embriones y me dijo que uno era A y otro C.

Después estuve quince minutos tumbada (el piti de después que pensaba yo), y ¡hale! para casa. Las enfermeras y el doctor me desearon suerte y salí de allí. Así que para quien no haya pasado por aquí: tranquilidad. La transferencia no duele, no hace falta ninguna sedación y es rapidísima.

Pasé el resto de día tranquilita en casa, pero tampoco tumbada en la cama. Así que oficialmente en betaespera.

¿Y vosotras, habéis pasado por una transfer? ¿Cómo fue? ¡Contadme! Para mí es de las partes más bonitas del tratamiento.