16 semanas

Con esto del verano he estado un poco desconectada del blog, y a lo tonto, ¡ya estamos en la semana 16! Vayamos por partes: el 14 de agosto tuve la ecografía de las 12 semanas, donde nos confirmaron que todo estaba bien y el riesgo de síndrome de Down salió muy bajo. Una cosa menos.

El resto de verano lo pasamos de vacaciones en la playa, y poco a poco me he ido encontrando mejor. Las náuseas desaparecieron oficialmente a finales de la semana 14, aunque lo cierto es que desde la 11 empecé a encontrarme progresivamente mejor.

El lunes pasado, 5 de septiembre,  fui a la matrona, donde pude escuchar el latido de los dos corazones. Le pregunté sobre el deporte, ahora que ya había pasado el primer trimestre donde me recomendaron reposo relativo, y me dijo que podía ir al gimnasio, incluso hacer pesas, siempre que fuera con sentido común y no sobrepasara las 150 ppm. Esa misma tarde, después de cuatro meses sin ir, me lancé al gimnasio. Estuve como  cuarente minutos, diez en la cinta andando rápido (controlando con el pulsómetro) y treinta haciendo ejercicios de piernas.

Bueno, pues a la mañana siguiente me desperté con un ligero manchado. Al principio tenía dudas sobre si ir o no, estaba casi segura de que no era nada, porque además no era sangre roja como la de la otra vez, sino un ligero flujo marrón oscuro. Al final pensé que en realidad no me costaba nada ir, al fin y al cabo estaba de vacaciones y así me quedaba tranquila sin estar comiéndome la cabeza. Y de paso volvía a ver a los bebis, que siempre gusta.

Acudí a la Fundación Jiménez Díaz, y desde que llegué (10.13h) hasta que me dieron el alta (10:43h) fue todo rapidísimo. Directamente me vieron, me hicieron la ecografía y estaba todo perfecto. Conclusión: sea lo que sea que hayas hecho en el gimnasio, no lo repitas. Así que nada, a partir de ahora a pasear tranquilamente.

El próximo lunes tenemos la ecografía de las 16 semanas, y tenemos mucha ilusión a ver si nos dicen los sexos. ¿Creéis que nos los dirán? Y no sólo el sexo, sino que morfológicamente es muy importante porque ya se empiezan a ver muchas cosas. ¡Esperemos que vaya todo bien! Seguiremos informando.

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Primer susto y notición

Desde que nos dieron  el resultado de la beta positiva hace más de dos semanas, se me hacían los días eternos contando las horas que quedaban para la primera ecografía de las 8 semanas, programada para el 5 de julio.

Pero el viernes, estando tranquilamente en el sofá, de repente me doy cuenta de que estaba sangrando. Sangre roja, líquida, relativamente abundante. Mierda. Llamo corriendo a padreyo, pido un Cabify y me voy pitando a las urgencias de la Fundación Jiménez Díaz. Intento no pensar en lo peor, sé que los sangrados son relativamente frecuentes,  pero aun así no pude evitar ponerme muy nerviosa.

Una vez en la FJD, me registran y enseguida paso por triaje. Unos veinte minutos después ya estaba entrando en la consulta del ginecólogo. Me atendió el doctor Luis Maria García-Puente Mesa. Profesional, tranquilizador y muy amable. Tras las típicas breves preguntas, pasamos a la ecografía. Mi primera ecografía.

Nada más meter el ecógrafo supe que todo iba bien porque las dos residentes o estudiantes que estaban con él sonrieron y pusieron cara como de “oh, qué bonitooo”. Manejaba el ecógrafo la residente y el doctor le dijo algo así como: “por ahí no es, más arriba”, y ella le contestó: “Sí, ES QUE HAY DOS”. Y efectivamente, enseguida se vieron clarísimamente los dos, con los corazones latiendo bien fuerte.

Así fue como nos enteramos que venían dos. La verdad es que no puedo decir que me quedara sorprendida, más bien es como que si me hubiera dicho que había solo uno me hubiera quedado un poco chafada, porque desde que nos dieron el resultado de la beta tenía el presentimiento de que iban a ser dos. Pero en cualquier caso, ¡eran dos, estaban en el sitio correcto y todo parecía estar bien!

Me dijo que si empeoraba o salían coágulos volviera, pero que en principio estaba todo bien. Muy aliviados, salimos. Sólo habíamos tardado una hora aproximadamente desde que llegamos a urgencias.

Pero por la tarde, sobre las 17h, volví a sangrar más aún, esta vez incluso con algún coágulo. Otra vez corriendo a Urgencias. Repetimos todo el proceso, con el mismo ginecólogo, y de nuevo estaba todo bien. Le pregunté al doctor si había sido una exageración volver y me dijo muy amablemente que no, que volviera siempre que tuviera cualquier miedo. Y yo que pensaba que me iba a “reñir” por exagerada… Muy dulcemente me dijo que fuera todas las veces que lo necesitara, que no costaba nada quedarse tranquilos. En fin, un encanto.

Otra vez volví a casa y ahí sí que el sangrado paró definitivamente. Eso fue el viernes, hoy es lunes y no he vuelto a sangrar desde entonces, salvo las manchas marrones propias de los restos que aún quedaban por ahí, pero vamos, nada más.

La verdad es que desde el viernes estoy un poco paranoica y me he quedado un poco con el miedo en el cuerpo… Y vosotras, ¿tuvisteis sangrados en el primer trimestre? ¡Contadme!

La ecoespera.

Después de la beta positiva, el siguiente paso es la ecografía, en mi caso tres semanas más tarde. Dicen por ahí que esta espera es incluso peor que la de la betaespera.

Más que peor, yo diría distinta, y sobre todo, eterna. En la betaespera, tuve una mezcla de ilusión (¿y si…?), miedo y desesperanza por no conseguirlo nunca, más bien de miedo al futuro. Es decir, más que el miedo al negativo en sí, que no lo veía para tanto porque estadísticamente sabemos que no siempre se consigue a la primera, ni a la segunda, era el miedo a no conseguirlo nunca. Que por lo que fuera no tuviera capacidad de implantar embriones o de quedarme embarazada. Era un terror más existencial.

En cambio ahora es distinto. Yo diría que esta espera es mucho más dulce. Y más larga, también. Pero ya se ha quitado el miedo a no conseguirlo nunca, porque si esta vez fuera algo mal (que esa es otra), por lo menos sé que tengo la capacidad de conseguir que los embriones se queden conmigo. También empiezas a hacer muchos más planes futuros imaginándote con bebés que durante la betaespera. Se ve como mucho más cercano, más real.

La parte negativa es el miedo terrible a que algo salga mal. Te has hecho tantas ilusiones que el golpe sería muy duro. Intentas ser positiva pero a rato te vienen pensamientos negativos. Empiezas a darle vueltas a todas las cosas que pueden salir mal y en todos los casos que has leído por Internet que no terminaron bien. Incluso te imaginas ese momento fatídico en la consulta del ginecólogo donde te dicen: no hay latido. Y te hundes.

Pero al rato piensas que no, que todo va a ir bien, que de hecho lo normal y estadísticamente más probable es que todo vaya bien. Piensas en todas las embarazadas que conoces y en lo bien que ha ido todo y desechas los pensamientos tóxicos.

Así que más o menos es eso: una montaña rusa de emociones en la que a ratos lo ves todo negro (por cierto, no tengo síntomas de nada, otra cosa que me hace comerme la cabeza) y en otros momentos estás totalmente eufórica. Eso aderezado con la duda que me corroe de si será uno o serán dos (beta de 1221, recordemos).

En fin, hasta aquí mi resumen de la ecoespera. Sólo ha pasado una semana desde la beta, me quedan dos más. Y vuestra ecoespera, ¿cómo fue? ¡Contame vuesta experiencia!