La transferencia.

Día 13 de betaespera. Mañana ya me dan el resultado. Hoy no me he hecho test, pero para distraerme voy a contar cómo fue mi segunda transferencia. La primera fue bastante parecida, con la diferencia de que me hicieron esperar una hora y media, casi me explota la vejiga, me acompañó padreyo, iba un poco más nerviosa y me atendió una doctora distinta.

Bueno, a lo que iba. La tenía programada a las 12. Por la mañana fui a la universidad, que está justo al lado, y al terminar la clase de las 11 fui directa a la Fundación Jiménez Díaz. Cogí el coche, y justo cuando estaba llegando a la clínica sonó en la radio la canción de Resurrección de Amaral:

haces que se vaya mi melancolía

me devuelves de nuevo a la vida (¡¡RESURRECIÓN!!)

antes de llegar siquiera a conocerte,

mucho antes ya te quería como a lo inalcanzable,

así, así, así te quería.

Me pareció muy apropiada por eso de mis embriones congelados que volvían a la vida (¡¡resurrección!!) y eso de que los quiero antes de conocerles. Después sonó la de Don`t worry be happy. Buen rollito, vamos. Llegué muy animada, esta vez no bebí tanta agua, sólo lo justo, no vaya a ser que se retrasara igual que la otra vez. Pero no, si llegué a las 11:55 (una que le gusta apurar), a las 12:05 me llamaron para que entrara.

Ah, esta vez iba sola, porque padreyo trabajaba y no veíamos necesario que me acompañara. Me cambié, pasé al quirófano, y esta vez me atendió un médico muy grandote con unas manos gigantes pero que a la vez era pura delicadeza y dulzura. El médico bromeó con que si mi marido no había venido porque ya se sabía la película (le dije que era la segunda). Yo veía en la pantalla todo lo que iban haciendo, aunque no entendía nada, claro. Me dijeron: mira, este punto son tus embriones. Y yo: vale. Todo fue rapidísimo y totalmente indoloro. En cinco minutos estaba fuera. Fue como una ecografía vaginal más, prácticamente. Al terminar le pregunté la calidad de los embriones y me dijo que uno era A y otro C.

Después estuve quince minutos tumbada (el piti de después que pensaba yo), y ¡hale! para casa. Las enfermeras y el doctor me desearon suerte y salí de allí. Así que para quien no haya pasado por aquí: tranquilidad. La transferencia no duele, no hace falta ninguna sedación y es rapidísima.

Pasé el resto de día tranquilita en casa, pero tampoco tumbada en la cama. Así que oficialmente en betaespera.

¿Y vosotras, habéis pasado por una transfer? ¿Cómo fue? ¡Contadme! Para mí es de las partes más bonitas del tratamiento.

 

 

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