7 años de búsqueda

No, tranquilas, no es que lleve ya 7 años de búsqueda… Vengo a contar una anécdota que me ha contado mi vecina.

Resulta que desde que me mudé al nuevo barrio, trabajo de profesora de clases particulares. Mi vecina se enteró, y empecé a darle clases también a su hija de 8 años en mi casa. Últimamente van peor de dinero, y mi vecina me dijo que tenía que reducir las horas de clase a la semana. Hablando hablando, me enteré de que era peluquera, y se me ocurrió proponerle un trueque. ¿No es genial? Yo le doy clases a su hija a cambio de tener una peluquera a domicilio que me hace el tinte, me peina, me hace las cejas…

El caso es que hoy mientras me hacía el tinte me ha preguntado si queríamos tener hijos. Le he contestado que sí, que estábamos buscando, pero aún no habíamos tenido “suerte”. Y ella me ha contado su historia. Con 22 años, se puso a buscar, pero el bebé no llegaba… Tres años después consiguió quedarse embarazada. ¡Tres años! Y al cuarto mes de embarazo, lo perdió. Podéis imaginar cómo se sentía, ¿no?

Pues bien, un año después, volvió a quedarse embarazada. Lo volvió a perder al tercer mes. Debe de ser algo muy frustrante y triste. Decidió que ya había sufrido bastante y que la maternidad no era para ella. Y bueno, por el título ya sabéis lo que viene después: tres años después nació su hija. Una niña muy simpática a la que yo ahora doy clases.

¿Qué os ha parecido? Por un lado es una historia con final feliz, pero por otro ¡es muy desesperante que el cuerpo humano nos haga estas cosas!

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